INFIERNO, EL DESASTRE DE TIQUIPAYA

Walter Benjamin dijo que el progreso es como un vendaval que todo lo arrasa, en este avance incontenible, la posibilidad de error no se calcula y solo se lamenta cuando la tierra alza su voz.
los aluviones o mazamorras no son desgracias que sean propias de Cochabamba, esto tiene que ver mas bien con una fractura de nivel mundial que día tras días el hombre con su incesante progreso va provocando y el efecto domino de los desastres solo se discute cuando algo sale mal. según las normas medio ambientales, las edificaciones deben partir por lo menos de 140 metros por ladera de río y en el caso de Tiquipaya solo eran 15 metros en algunos casos. pues bien, aquí es donde se germinó la desgracia.
han pasado nueve meses desde que el estruendo colosal daba cuenta de lo que se venía. Muchos vecinos de juventud de Chilimarca dormían a esa hora, otros veían la televisión cuando la inmensa ola de lodo, piedras, basura y todo lo que atrapara en su iracundo descender buscando su cause arrasó con la existencia y porvenir de decenas de familias que vieron literalmente sepultadas sus sueños en esta vida.

La magnitud de esta furia de la naturaleza solo pudo apreciarse al día siguiente, con los primeros ápices de luz que nos entregaba aquella indiferente mañana de febrero. Llantos desgarradores y gente desesperada con el barro hasta la cintura en busca de sus seres queridos. La lluvia no se detenía y poco a poco comenzó a llegar la ayuda. Brigadas de rescatistas, personas de a pie que se ofrecían a colaborar, organizaciones que llevaron de todo cuanto pudieron sin necesidad de aparecer en noticiarios ni periódicos y uno que otro político con ganas de figurar.
Al aparecer el cuerpo del pequeño de 13 anos que falleció aplastado por el barro tan solo por ir a buscar a su perro fue cuando comprendimos la magnitud del desastre, el infierno había emergido y se habia desatado en Tiquipaya. Se busco incesantemente a los desaparecidos, con la esperanza de hallarlos con vida. Uno a uno con el transcurso de las horas, fueron apareciendo sepultados en sus viviendas en las que se sintieron seguros alguna vez. casas de tres plantas que fueron sepultadas hasta su pináculo. la cifra de damnificados fue en aquel momento era incalculable, no se contaba con el tiempo para contarlos. voluntarios y rescatistas trabajaron sin descanso tratando de apalear en parte la desgracia, como un rayo de luz que penetraba las nubes para entregar algo de esperanza.
con el pasar de los días llego la hora de buscar culpables, pero como reflexión final solo puedo decir que se suscitaron una serie de eventos desafortunados, los cuales finalmente concluyeron con el desastre mas grande que recuerde Cochabamba, después del terremoto de Aiquile. han pasado ya nueve meses y las cosas no han cambiado mucho, los pobladores insisten en edificar cerca de la rivera del río que tanto dolor causo a sus vidas y a la de sus vecinos.

 

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